
El sábado pasado a las nueve de la mañana prendí la tele, comencé a hacer zapping, pasé por Crónica TV y ví que le estaban haciendo una entrevista al recientemente suicidado Mario Oscar "Malevo" Ferreyra, un ex comisario símbolo de la represión tucumana que se había disparado en la cabeza después de que la Justicia federal ordenara su detención en una causa por violación a los derechos humanos.
El videograph de Crónica indicaba que ese reportaje era el último que Ferreyra había brindado y yo- medio dormido, medio despierto- escuchaba lo que decía el "Malevo" y pensaba: "siempre odié la palabra 'suicidio', la puta que lo parió".
Después de un rato, el ex comisario ya no tenía nada que decir y la periodista decidió terminar la nota. Cuando estaba a punto de cambiar de canal, un corte abrupto de edición se sobrevino y una leyenda que sentenciaba "Primicia de Cronica TV" se apareció en el medio de una imagen que mostraba cómo Ferreyra se pegaba un tiro en la cien frente a su hijo, la cronista, el cámarógrafo y no sé quien más.
Como si poseyera un trofeo, Crónica TV repetió la procesión del suicidio hasta el sábado a la noche, y mientras tanto -finalizado el partido de dobles de la Copa Davis- el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) resolvió sancionar a dicha televisora por emitir "la transmisión reiterada de las imágenes de la muerte del ex comisario, pues el tenor de las imágenes constituye en sí mismo un hecho agravante".
Ahora bien, yo me indigno y grito: ¡qué soberanos hijos de puta! ¡Me recontra cagaron el desayuno! Puta madre, no pude tomar mi té con leche tranquilo, la sangre del malevo me persiguió todo el fin de semana.
Gracias Ferreyra, Gracias Crónica, Gracias suicidas. Menos mal que después me vi una película de Disney y me calmé. Match Point.



